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Hombre de madera con corazón de adolescente
Todos estábamos muy acostumbrados a ver al actor Clint Eastwood en los Westerns como el hombre rudo, calculador, de pocas palabras, serio y misterioso. Sin embargo, muchos se sorprendieron verlo dirigir, producir y protagonizar la película “Los puentes de Madison” (The Bridges of Madison County (1995), película romántica que ha marcado historia en los años 90 y seguirá haciéndolo.
Es casi increíble de creer que un actor que ha interpretado papeles tan fríos haya podido emocionar y cautivar al público de manera extraordinaria con una historia sencilla, brindándonos la esperanza de esos amores que llegan a la vida cuando uno menos lo espera, y que sin buscarlo, te llenan la vida de nuevas esperanzas y sueños que creímos haber perdido. Se crea esa necesidad imperativa de los protagonistas por tenerse el uno al otro, ella por su parte un ama de casa, interpretado por Meryl Streep, y él un fotógrafo de la Nacional Geographic quienes cansados de la rutina se funden en un amor furtivo que dura pocos días pero que tal vez se pudo haber arruinado si hubiese sido de otra manera.
No pudo haber sido otro, sino Clint Eastwood, quien podría haber llevado a la pantalla grande la novela de Robert James Waller. Según críticos fue perfecta la actuación y los detalles que siguió Eastwood al reproducir las escenas lo que hizo que tuviera una gran audiencia y aceptación por parte del público.
A diferencia de muchos otros largometrajes, la historia no es el clásico encuentro, desarrollo y desenlace que tienen muchas películas románticas.
Aunque al final el tema que tal vez muchos no nos demos cuenta o no queramos ver es que Meryl Streep, amante de Clint Eastwood en esta magnífica película, en su papel como ama de casa comete adulterio por irse con otra persona, teniendo así una relación extramatrimonial. No obstante, esto no le quita la magia a la hermosa historia que nos cuenta, que más haya de ser un relato, la película nos pinta una realidad, capturándonos y emocionándonos hasta el punto de hacernos brotar lágrimas.
Al fin y al cabo, todo está permitido en el terreno del amor, Clint Eastwood en su papel como Robert nunca descuidó a su familia y nunca hizo nada contra sus hijos.
Sencillamente esta es una película que no se debe verse solo, si se puede ver con el ser amado y mejor aún si se prepara algo memorable para este encuentro.
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