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Bienvenido a Playa Sarapampa
El viajero de playa, aquel que busca el ambiente grato para perder el tiempo bajo el sol, para descansar sobre la arena, para divertirse y confirmar que junto al mar todo es más lindo, es el mismo que la playa Sarapampa espera. Al sur del respirar ruidoso de Lima, todo relajo se convierte en hábito al instante, atraído por el vaivén calmado de las olas y la paz que uno encuentra en el kilómetro 107 de la carretera hacia el sur.
En nuestra ciudad quedan muy pocas playas para acampar, lo que convierte a Sarapampa en una opción especial para el bañista que además de buscar el mar, busca la tranquilidad plena de un día de descanso. Esta playa tiene una larga extensión sobre la costa, a comparación de otras, y esto posibilita a los concurrentes disponer de mucho espacio para instalarse, amplio lugar para estacionar la movilidad y poder acampar, librándose del usual trajín de los días laborales.
El día comienza temprano en la playa, el sol golpea la vista del que se duerme y el calor empieza a surtir efecto, lo que siempre anima a refrescarse sorteando las olas y buscando que nadar un poco. La gente se divierte de diversas formas, todos ellos en el sincero intento de un descanso sano, un buen rato, un relajo que se espera dure toda la semana y limpie nuestra mente de los problemas que quisimos dejar atrás desde que dejamos la ciudad.
Sobre el pequeño acantilado que está a dos metros de altura con respecto a la playa, permanecen clavados unos carrizos sujetando hilos de pescar que detienen las redes que entrampan a los peces. De un día para otro permanecen para ser retiradas con la mayor cantidad de peces posibles, bien colocada, a una distancia de 30 metros de la playa. Muchas de las personas que concurren a Sarapampa se dedican a la pesca, lo que hace posible que pescadores artesanales y aficionados, se encuentren en el mismo lugar y compartan la misma actividad.
Dos horas de viaje en ómnibus interprovincial, valen la pena para disfrutar uno o un par de días bajo el buen sol de Sarapampa. El mar no es bravo y se puede nadar con prudencia. Además, si uno se consigue un carro tubular, puede sortear las arenas de la playa y agregarle un poco de adrenalina al paseo. En conclusión, esta es de hecho, una buena opción para aprovechar al gusto propio los placeres del mar.
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